Sospechosos de terrorismo
febrero 2, 2012 – 4:44 pm | No hay Comentarios

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Soros hunde países y salva etnias

Enviado por en abril 30, 2010 – 2:51 pmNo hay Comentarios

Visto en http://www.levante-emv.com/opinion/2010/04/18/soros-hunde-paises-salva-etnias/697191.html


George Soros es un killer de la filantropía. No le tiembla el pulso a la hora de arruinar un Estado apostando contra su moneda, y a continuación denuncia la desigualdad planetaria con fervor apocalíptico. Hunde países y salva etnias, por última vez al denunciar en Córdoba la «exclusión social» de los doce millones de gitanos europeos, un asunto próximo para el expatriado húngaro. A continuación debió encaminarse a dinamitar el Partenón. Pese a su comportamiento incongruente –o gracias a él–, su mensaje siempre cala. Al día siguiente de su emocionado manifiesto en favor del último pueblo nómada del continente, el provinciano «Le Monde» consagraba un sesudo editorial en portada a La triste suerte de los roma, racismo y marginalidad. Mucho antes, el genial Jaume Perich había abofeteado a los lectores con la leyenda de una de sus viñetas. «En España no somos racistas, porque no tratamos a los negros como a gitanos».


Admirar a Soros equivale a tomar como modelo a Maradona, de ahí que el financiero tenga incluso más devotos que Gordon Gekko en el olimpo de las fortunas instantáneas. La mayoría de imitadores del gran redistribuidor de la riqueza se fijan antes en sus dotes de acumulación que en sus arrebatos altruistas. Al asumir la defensa de los gitanos, puso el énfasis en la educación, un clisé socorrido para justificar los abismos salariales con la excusa de mostrar algo parecido a una conciencia. Su fondo de inversiones Quantum le permitió ganar 2.500 millones de euros durante el pasado año. Sin duda, esa cantidad le proporciona la posición desahogada desde la que puede avalar a Obama y exigir el desmembramiento del oligopolio bancario.


Tal vez Soros se limita a exacerbar los síntomas contradictorios de la moralidad asimétrica que define la contemporaneidad. Un interrogante vinculado a la actividad de los grandes financieros plantea, «¿aceptaría usted un cheque por un millón de euros, a cambio de que cien personas anónimas murieran en un país del Tercer Mundo?» En tiempos políticamente correctos, cabe imaginar la reacción indignada –cómo se atreve siquiera a esbozar una pregunta así, por hipotética que sea–. Sin embargo, el sobresalto oculta que la cuestión es real, y que una respuesta negativa obligaría a paralizar la industria armamentística mundial, con una relación causal entre la pérdida de vidas y el rendimiento económico. Por no hablar de las guerras asiáticas del petróleo donde, curiosamente, se cumple la relación del ciento por uno entre la mortandad y los beneficios millonarios.


La mayoría de personas nunca tendrán la oportunidad de abordar ese dilema, aunque un contingente reseñable aceptaría el trueque a cambio de perder veinte kilos de peso. Sin embargo, el consenso invita a una aceptación pasiva de la muerte en países pobres. Se puede modificar el interrogante, para hacerlo más próximo a George Soros, protector de los roma. «¿Aceptaría usted un cheque por un millón de euros, a cambio de que esa jugada arruinara a cien familias, lo cual por otra parte empeoraría notablemente sus expectativas vitales?» La respuesta encaja en la lógica irreprochable de los casinos financieros. Ha sido necesaria la catástrofe griega, para que se difundiera el peculiar comportamiento que permite amasar fortunas prediciendo que un país no afrontará sus compromisos, y deseando su desplome o trabajando para que se produzca. Aquí intervendría el Soros menos recomendable.


La ortodoxia del hundimiento económico de países coarta los mecanismos de inmunología estatal contra esa agresión. ¿Tiene derecho un estado a actuar militarmente contra un inversor que desea llevarlo a la ruina, arrastrando en el desastre a millones de ciudadanos? Una réplica que interviniera los fondos privados sería tachada de abominable. Son las consecuencias del «Golpe silencioso» que la oligarquía financiera ha propinado a la sociedad. Esta teoría no corresponde a un discípulo de Hugo Chávez, sino que fue formulada en un artículo con ese título en «The Atlantic» por Simon Johnson, ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional. En esa lógica aberrante, Soros se aprovecha de lo mejor de ambas especies, depredadores y solidarios.

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