La crisis, una estafa detrás de otra | ATTAC España
La crisis, una estafa detrás de otra | ATTAC España
Juan Torres López – Consejo Científico de ATTAC España
La Real Academia Española de la Lengua define de dos modos el verbo
estafar. Como pedir o sacar dinero o cosas de valor con artificios y
engaños y con ánimo de no pagar, y, en sentido jurídico, como cometer
alguno de los delitos que se caracterizan por el lucro como fin y el
engaño o abuso de confianza como medio. Por eso yo creo que el término
de estafa es lo que mejor describe lo que han hecho continuadamente los
bancos, los grandes especuladores y la inmensa mayoría de los líderes y
las autoridades mundiales antes y durante la crisis que padecemos.
Los Estados le dieron a los bancos privados el privilegio de crear
dinero emitiendo deuda con la excusa de que eso era necesario para
financiar la actividad de las empresas y los consumidores. Pero en los
últimos treinta años, la banca internacional multiplicó la deuda para
financiar los mercados especulativos y para ganar dinero simplemente
comprando y vendiendo más dinero, y no para financiar a la economía
productiva. Esta es la primera estafa.
Para disponer de recursos adicionales a los que le depositaban sus
clientes, la banca ideó formas de vender los contratos de deuda y los
difundió por todo el sistema financiero internacional. Pero al hacerlo,
ocultaba que millones de esos contratos no tenían las garantías mínimas y
que al menor problema perderían todo su valor, como efectivamente
ocurrió. Actuando de esa forma y tratando de elevar cada vez más la
rentabilidad de sus operaciones, la banca fue asumiendo un riesgo cada
vez mayor que ocultaba a sus clientes y a las autoridades y que
transmitía al conjunto de la economía. Esta es la segunda estafa.
Para llevar a cabo esas estafas, la banca recurrió a las agencias de
calificación que actuaron como sus cómplices corruptos engañando
sistemáticamente a clientes y autoridades indicando que la calidad de
esos productos financieros era buena cuando en realidad sabían que no
era así y que, por el contrario, se estaba difundiendo un riesgo
elevadísimo porque eran, como se demostró más adelante, pura basura
financiera. Esta es la tercera estafa.
Los grandes financieros consiguieron que los bancos centrales fueran
declarados autoridades independientes de los gobiernos con la excusa de
que éstos podían utilizarlos a su antojo y de que así era mejor para
lograr que no subieran sus precios. Sin embargo, lo que ocurrió fue que
con ese estatuto de “independientes” los bancos centrales se pusieron al
servicio de los bancos privados y de los especuladores, mirando a otro
lado ante sus desmanes. Y así, en lugar de combatir la inflación
permitieron que se diera la subida de precios de la vivienda quizá más
alta de toda la historia y constantes burbujas especulativas en
numerosos mercados. Y lejos de conseguir la estabilidad financiera lo
cierto fue que durante su mandato “independiente” también hubo el mayor
número de crisis financieras de toda la historia. Esta es la cuarta
estafa.
Para generar fondos suficientes para invertir en los mercados
especulativos cada vez más rentables, los bancos y grandes financieros
lograron, con la excusa de que eso era lo conveniente para luchar contra
la inflación, que los gobiernos llevaran a cabo políticas que redujeran
los salarios y aumentaran así los beneficios (que en su mayor parte van
a ahorro en lugar de al consumo como le pasa a los salarios), y la
progresiva privatización de las pensiones y de los servicios públicos.
Esta es la quinta estafa.
Cuando el riesgo acumulado de esa forma estalló y se desencadenó la
crisis, los bancos y los poderosos lograron que los gobiernos, en lugar
de dejar caer a los bancos irresponsables, de encarcelar a sus
directivos y a los de las agencias de calificación que provocaron la
crisis, les dieran o prestaran a bajísimo interés varios billones de
dólares y euros de ayudas con la excusa de que así volverían enseguida a
financiar a la economía. Pero en lugar de hacer esto último los bancos y
grandes financieros usaron esos recursos públicos para sanear sus
cuentas, para volver a tener enseguida beneficios o para especular en
mercados como el del petróleo o el alimentario, provocando nuevos
problemas o que en 2009 hubiera 100 millones de personas hambrientas más
que en 2008. Esta es la sexta estafa.
Los gobiernos tuvieron que gastar cientos de miles de millones de
dólares o euros para evitar que la economía se colapsara y para ayudar a
la banca. Como consecuencia de ello tuvieron que endeudarse. Como los
bancos centrales están dominados por ideas liberales profundamente
equivocadas y al servicio de la banca privada, no financiaron
adecuadamente a los gobiernos, como sí habían hecho con los bancos
privados, y eso hizo que tuvieran que ser los bancos privados quienes
financiaran su deuda. Así, éstos últimos recibían dinero al 1% de los
bancos centrales y lo colocan en la deuda pública al 3, al 4 o incluso
al 8 o 10%. Esta es la séptima estafa.
Como los bancos y grandes financieros no se quedaron contentos con
ese negocio impresionante, se dedicaron a propagar rumores sobre la
situación de los países que se habían tenido que endeudar por su culpa.
Eso fue lo que hizo que los gobiernos tuvieran que emitir la deuda más
cara, aumentando así el beneficio de los especuladores y poniendo en
grandes dificultades a las economías nacionales. Esta es la octava
estafa.
Los gobiernos quedaron así atados de pies y manos ante los bancos y
los grandes fondos de inversión y, gracias a su poder en los organismos
internacionales, en los medios de comunicación y en las propias
instituciones políticas como la Unión Europea, han aprovechado la
ocasión para imponer medidas que a medio y largo plazo les permitan
obtener beneficios todavía mayores y más fácilmente: reducción del gasto
público para fomentar los negocios privados, reformas laborales para
disminuir el poder de negociación de los trabajadores y sus salarios,
privatización de las pensiones, etc… Afirman que así se combate la
crisis pero en realidad lo que van a producir es todo lo contrario
porque es inevitable que con esas medidas caiga aún más la actividad
económica y el empleo porque lo que hacen es disminuir el gasto
productivo y “el combustible” que los sostiene. Esta es la novena
estafa.
Desde que la crisis se mostró con todo su peligro y extensión, las
autoridades e incluso los líderes conservadores anunciaron que estaban
completamente decididos a poner fin a las irresponsabilidades de la
banca y al descontrol que la había provocado, que acabarían con el
secreto bancario, con los paraísos fiscales y con la desregulación que
viene permitiendo que los financieros hagan cualquier cosa y que
acumulen riesgo sin límite con tal de ganar dinero… Pero lo cierto es
que no han tomado ni una sola medida, ni una sola, en esa dirección.
Esta es la décima estafa.
Mientras está pasando todo esto, los gobiernos, esclavos o cómplices
de los poderes financieros, no han parado de exigirle esfuerzos y
sacrificios a la ciudadanía mientras que a los ricos y a los bancos y
financieros que provocaron la crisis no les han dado sino ayudas
constantes y todo tipo de facilidades para que sigan haciendo
exactamente lo mismo que la provocó. Gracias a ello, éstos últimos están
obteniendo de nuevo cientos de miles de millones de euros de beneficios
mientras que cae la renta de los trabajadores, de los jubilados o de
los pequeños y medianos empresarios. Esta es la undécima estafa.
Mientras que constantemente vemos que los presidentes de gobiernos
reciben instrucciones del Fondo Monetario Internacional, de las agencias
de calificación, de los banqueros o de la gran patronal, la ciudadanía
no puede expresarse y se le dice que todo lo que está ocurriendo es
inexorable y que lo que ellos hacen es lo único que se puede hacer para
salir de atolladero. Esta es la duodécima estafa.
Finalmente, se quiere hacer creer a la gente que la situación de
crisis en la que estamos es el resultado de un simple o momentáneo mal
funcionamiento de las estructuras financieras o incluso económicas y que
se podrá salir de ella haciendo unas cuantas reformas laborales o
financieras. Nos engañan porque en realidad vivimos desde hace decenios
en medio de una convulsión social permanente que afecta a todo el
sistema social. La verdad es que cada vez hay un mayor número de seres
humanos hambrientos y más diferencias entre los auténticamente ricos y
los pobres, que se acelera la destrucción del planeta, que los medios de
comunicación están cada vez en propiedad de menos personas, que la
democracia existente apenas deja que la ciudadanía se pronuncie o
influya sobre los asuntos más decisivos que le afectan y que los
poderosos se empeñan en imponer los valores del individualismo y la
violencia a toda la humanidad. Esta es la decimotercera estafa.
Lo que ha ocurrido y lo que sigue ocurriendo a lo largo es la crisis
es esto, una sucesión de estafas y por eso no se podrá salir de ella
hasta que la ciudadanía no se imponga a los estafadores impidiendo que
sigan engañándola, hasta que no les obligue a dar cuentas de sus
fechorías financieras y hasta que no evite definitivamente que sigan
comportándose como hasta ahora.














![nini1[1]](http://www.orfeu.es/wp-content/uploads/nini11-1024x414.jpg)
